Cada ser humano debería venir con una hoja de reclamaciones o por lo menos con un cuaderno de sugerencias bien gordo y aún más cuando la gente es reiterativa y pesada. De las millones de cosas que detesto del ser humano, una de ellas son las continuas e interminables quejas sobre sus vidas: ¿quién no ha tenido un amigo que siempre viene con la misma cantinela de siempre? "que si mi vecino ha hecho esto", "que si mi compañero de trabajo aquello", "que si mi madre no se cuantos", bla, bla, bla ... ¡Agotador!