Hace ya algún tiempo durante una de mis sesiones con uno de tantos psicólogos que me trató, el tipo decidió darme un ejercicio para poner en práctica. Nada más y nada menos que buscar alguna tribu urbana en la que pudiera sentirme identificada y así intentar integrarme en un grupo y aprender las conductas aceptadas por la sociedad. La verdad que la tarea no me llevó más de una semana y aunque no me identifiqué con ninguno de esos grupos alienados y sin ningún tipo de individualidad, hice algunos hallazgos interesantes. Pero empecemos por mi periplo en el escabroso mundo de las tribus urbanas o lo que yo llamo rebaños sin cerebro.