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martes, 26 de abril de 2011

... en algún lugar más allá del arcoiris

Dijo John Lennon que "La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes" y es que hay una ley universal que no se estudia en los libros, ni en física tan siquiera que se llama la ley de Murphy. Dicha ley se resume en una máxima: "Si algo puede salir mal, saldrá mal" Yo, como mera espectadora de las idas y venidas de los seres humanos he podido comprobar como la ley de Murphy se repite una y otra vez. ¿Cómo es posible que el universo entero se confabule para que algo salga con un final totalmente fallido e inoportuno? La respuesta es sencilla: nosotros lo provocamos inconscientemente. Si fuera un científico noético probablemente se me ocurría alguna especie de teoría acerca de la entropía, el equilibro cósmico y multitud de variables que entran en juego en los infortunios cotidianos. La panacea de un pesimista en pocas palabras. 
Si las cosas se ven desde fuera y en cierto ángulo se puede observar que en el mismo momento que alguien decide algo se autoimpone el fracaso o el triunfo. Sí como le leéis. El destino ni está escrito ni se puede leer en los posos del café. Nosotros mismos somos capaces de lograr cualquier cosa que nos propongamos pero es más fácil echar la culpa al destino, al karma o al vecino de al lado antes que asumir el propio fracaso. Por ello a las personas optimistas le van mejor las cosas que a las pesimistas o simplemente es que cada uno ve el vaso medio lleno o medio vacío. No hay una respuesta concreta pero sí un modo de ver las cosas, pero sobretodo hay mucha gente simple y pusilánime. Esta gente hay que evitarla, son una carga y un lastre. Muchas de esas personas con más miedos que vergüenza provocan las depresiones y quebraderos de cabeza de algún inocente que se les cruza. Ambas especies se ven mucho por las consultas de los psicólogos. Yo me he topado con un montón de ellos: los cobardes y los depresivos. Los primeros parecen tener todo bajo control, muchos incluso tienen multitud de amigos y una vida social activa pero cuando se les llega a conocer más allá de esa imagen son seres aterrados por sus propios traumas, creando a su alrededor una especie de personaje que nada tiene que ver con la realidad. Los segundos son consecuencia de los anteriores al entrar en su vorágine de mentiras e ilusiones, llevándose un gran chasco al darse cuenta que sólo han estado jugando con ellos de una forma muy deshonesta. Los cobardes echan las culpas a otros de su falta de valentía y los depresivos se echan la culpa a si mismos por no haberse dado cuenta a tiempo del gran error de sus vidas: hacer caso a alguien que no lo merece. 
Leyes de Murphy, leyes de la naturaleza, leyes de la física, ... ¡qué más da! Señoras y señores, sean más egoístas, piensen más en sus necesidades y en sus miedos ¡Asúmanlos! y cuando sean capaces de encontrar un equilibro salgan a la calle sin hacer tropezar al resto que vamos tan tranquilos sin molestar a nadie (especialmente a mi que tengo un imán para los idiotas) Y si no son capaces de ser egoístas pero sí unos egocéntricos pueden darse un paseo por la calle de la piruleta en algún lugar más allá del arcoiris donde todo el mundo es feliz y cagan gominolas. 


Al resto con cierto grado de sensatez no hace falta que reciban ningún tipo de consejo pero lo más fácil es darse la vuelta y alejarse. El caso omiso es la única cura para semejante panda de mamarrachos/as y el secreto del éxito es quererse lo suficiente a uno/a mismo/a para creerse que quien quiere puede.





2 comentarios:

  1. estas segura que quien quiere puede? O es una paja mental para seguir adelante...

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  2. Seguro, yo no he hablado sobre los medios para conseguirlo ;)

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