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sábado, 30 de julio de 2011

A la expectativa

Hoy esperando el metro se ha retrasado para variar (a parte de subirlo a 1,50 encima con retrasos) Lo que ha provocado un desbarate total de mis planes totalmente organizados. Esto me ha llevado a pensar y a cavilar lo que los humanos normalmente solemos "esperar" de las cosas o tener EXPECTATIVAS. Ese especie de vaticinio o intento de ver más allá del presente. Un futuro cercano que acaba por dejarnos totalmente insatisfechos. Una de las peores maldiciones de nuestra especie es intentar saber que habrá más allá del ahora y el "en este mismo instante". Da igual cuantas veces lo pienses o las situaciones que te imagines que jamás ocurrirá lo que esperas. En el fondo sabes perfectamente que será la explicación más simple y factible: no pasará nada, no aparecerá, no tendré éxito, llegaré tarde, no habrá otra oportunidad.

Creo que por eso es tan importante la frase "Carpe Diem" o vive "el ahora". Da igual lo que pasa mañana, pasado mañana o dentro de tres meses, lo que tienes es el ahora y lo tienes que disfrutar porque nunca volverá a pasar. Por lo menos no de la misma manera, no con la misma gente o no con la misma intensidad. Da igual que ese chico no te mande un mensaje, no importa si la noche no termina con un apasionado beso, da igual si no acabas desayunando churros con chocolate, eso no importa. Aquí y ahora. La vida se escapa de entre tus manos como granos de arena. El tiempo es algo no reciclable.  Olvídate de aquellos que estuvieron, no recuerdes lo que ya no tienes y por supuesto no mires atrás.

Me acuerdo esa vez que fui a cenar a un restaurante que me recomendaron por su exquisito pastel de carabineros en el norte de la capital. Totalmente absorta saboreando aquel manjar me percaté de una mujer joven en una mesa. Al principio no la di importancia y seguí a lo mío. Tras terminar aquel maravilloso plato, del cual repetí sin inmutarme en si engordaba o no, vi que la chica pedía otra copa de vino blanco. Sus ojos mostraban cierta ansiedad y tristeza. Esperaba con cierto desconsuelo a alguien. Al terminar mi postre y después de una hora la mujer seguía sentada. Esta vez su rostro sólo mostraba una absoluta desdicha. Creo que pude atisbar una lágrima cayendo por su mejilla. Finalmente pagué mi cuenta y me fui. En la acera mientras llamaba a un taxi para volver a casa salía aquella chica con el abrigo puesto, abrazándose a si misma y aguantando la dignidad perdida en aquel restaurante por aquel o aquella que la había despreciado. Hacía tiempo que no veía en el rostro una emoción tan claramente dibujada: la pena absoluta ¿Quién era capaz de no tener el suficiente valor para mandarla un triste mensaje de que no podía atender a la cita? En estos tiempos que corren con la tecnología al alcance de cualquiera.

No sentí pena, ni alegría, ni tristeza por aquella joven. Mi vida sigue y no me importa pero he de decir que la humillación no entra en mi cabeza.

La esperanza es lo último que se pierde y también es lo que más daño hace creando ilusiones frágiles y quebradizas al mínimo soplido.

Aún así y por mucho que pueda doler cito cierta canción (si no sabéis quienes son lo buscáis en el puñetero google que para eso está):

We all fall sometimes you're not the first 
But i know it hurts, yeah i know it hurts 
In the end you'll find what you deserve 
Still i know it hurts, yeah i know it hurts

No, no significa que te merezcas sufrir. Simplemente te caes y sigues adelante, aunque tengas la cara ensangrentada porque todo cicatriza y todo se cura.

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