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martes, 9 de agosto de 2011

La princesa y el bufón

Érase una vez una princesa que vivía en un castillo en un reino muy lejano. La vida era plácida y agradable. Todo transcurría sin sobresaltos: ricos desayunos por la mañana con la mejor y más fresca fruta, paseos a caballo, cuidar de los mastines, paseos por las vastas praderas e interesantes charlas con los filósofos y tutores que educaban a la princesa. Su vida era completa ya que estaba rodeada de sus amigos más queridos y de sus familiares. Claro está, no todo era tranquilo, como en cualquier casa desde la más pobre a la de más rica alcurnia había discusiones y enfados pero que rápidamente se arreglaba ¿Qué más podía pedir? Un día, junto al lago, la princesa estaba sentada mirando las aguas cristalinas y pensaba "Mi vida es como este lago: cristalino, apacible y sin perturbaciones; me aburro" Así que decidió pedirle a su padre hacer una fiesta para el último día del año en vez de la típica comida familiar. Su padre que tanto la quería se lo concedió "Al fin y al cabo eres mi única hija" La princesa entusiasmada con la idea comenzó a planear los preparativos para organizar la mejor fiesta que se hubiera dado en todo el reino "Habrá malabaristas, trapecistas, bufones y baile de máscaras" El rey orgullos y satisfecho de ver a su querida hija entretenida y feliz no escatimó en gastos.

El día llegó y todos estaban ansiosos por ver la fastuosa fiesta que la princesa había organizado con tanto entusiasmo. Todos vestían hermosos trajes con máscaras curiosas y brillantes. La princesa se sentía feliz porque los súbditos del reino habían venido a la fiesta. La gente reunida disfrutaba de los malabares, de las volteretas y saltos mortales de los trapecistas y reían a carcajada limpia con los bufones y sus trucos. La princesa se paseaba por la fiesta pendiente de que todo el mundo lo pasara bien sin importar si eran duques o lacayos. Ella sonreía feliz mientras observaba como todo el mundo bebía, comía y reía "Perdone mi señora ¿lo está pasando bien?" La princesa se dio la vuelta y vio a uno de los bufones que amablemente le tendía un gran girasol "¡Oh! Muchas gracias pero disfruto más viendo a la gente feliz" Tras una breve reverencia el bufón comenzó a relatar un gracioso relato sobre el girasol que no le gustaba la luz. La princesa no paraba de reír y el bufón complacido continuó con otro relato. Así durante gran parte de la noche.

Al día siguiente la princesa que no había olvidado al bufón le pidió a su padre que lo contratara para que de vez en cuando la entretuviera "Pero que no te distraiga de tus obligaciones"dijo muy serio el rey que se preocupaba de la educación de su hija. A los dos días, aquel bufón tan gracioso estaba en la corte haciendo lo que mejor sabía: hacer reír a la princesa.

Los días pasaban y la princesa no podía esperar a que llegara la tarde para ver a su bufón y que le contase fantásticas y divertidas historias totalmente delirantes y llenas de fantasía. Paseaban cerca del lago, por las vastas praderas, junto con los mastines o en los jardines del castillo. El bufón le enseñó juegos, trucos y alguna que otra broma sin maldad para hacer a sus primos pequeños. Al paso de los meses el bufón se convirtió en su mejor amigo y confidente, era parte de su vida y de sus pensamientos. Un día por la noche, la princesa se levantó exaltada, había tenido una pesadilla. En aquellos momentos el rey y la reina se encontraban fuera del castillo en un largo viaje por motivos de asuntos de la corte. Al no saber que hacer salió de su habitación en busca del bufón pero en un castillo tan grande, a oscuras y sin saber donde dormía su querido amigo el bufón acabó por perderse. Sentada en un pasillo lloraba desconsoladamente "Mi señora ¿se encuentra usted bien?" Cuando la princesa levantó la vista observó a un hombre con pantalones, descalzo, con una gran camisa y un candelabro en la mano "¡Mi amigo el bufón! No te había reconocido sin tus ropas habituales" El bufón, que no parecía tal con el atuendo que llevaba, la cogió gentilmente de la mano para levantarla del suelo. La princesa angustiada le contó su pesadilla y compungida dijo "No quiero estar sola" El bufón sin saber que hacer la dijo "Mi señora, no puedo dejarla dormir en mis aposentos, no estaría bien" Así que finalmente, el bufón la acompañó hasta su habitación y dijo "No se preocupe, yo me quedaré aquí fuera vigilando" pero la princesa no se lo permitió y dejó que durmiera en su diván, porque ella esa noche no quería estar sola. Al rato de volver a dormirse, la princesa tuvo otro terrible sueño, asustada se levantó de la cama llorando "Mi señora no se preocupe yo estoy aquí para cuidarla" El bufón con toda su buena voluntad, la acompañó a la cama y se quedo a su lado sosteniéndola de la mano durante toda la noche. La princesa durmió plácidamente.
Por la mañana, tras un maravilloso sueño la princesa se levantó para agradecer a su amigo el bufón lo bien que se había portado con ella, pero no se encontraba en sus aposentos. Tras vestirse y arreglarse lo buscó por el castillo hasta que finalmente lo encontró "Mi querido amigo, gracias" y le besó en la mejilla. El bufón, ligeramente sonrojado la hizo una reverencia y la regaló con un nuevo relato que había inventado para que cuando tuviera pesadillas lo recordara y pudiera volver a dormir sin ningún temor.
Al llegar la noche, la princesa sola en su cama se regocijaba de la suerte que tenía de tener a un amigo que la cuidaba, la hacía reír y no la dejaría jamás. Esa noche la princesa tuvo un sueño maravilloso y turbador: soñó que se casaba con su amigo el bufón. La extrañeza a la mañana siguiente no era el hecho de soñar con una boda, ni tan siquiera una boda con su mejor amigo sino que la felicidad que sentía tan sólo pensarlo. La princesa se dio cuenta que no sólo era su amigo y confidente, era el amor de su vida. Pero ¿cómo podía una princesa casarse con un bufón? Daba igual, ella sentía que debía decírselo a su amigo el bufón porque ¿y si sentía lo mismo? Durante su paseo por el lago la princesa declaró su amor a su querido bufón "Mi querido amigo, para mi eres más que eso y quiero pasar mi vida junto a ti" El bufón apenado contestó "Mi princesa, yo no soy más que un bufón y seguiré siéndolo el resto de mi vida" La princesa, apenada y con el corazón roto se fue corriendo a su habitación. Desconsolada y con una gran tristeza no salió de allí durante semanas. El bufón viendo que el mal ya estaba hecho y que su honestidad se había convertido en el puñal que había desgarrado el corazón de su princesa se marchó.
Cuando el rey y la reina volvieron de su largo viaje se enteraron del fatídico hecho. El rey impotente trató de encontrar al bufón sin ningún resultado mientras cada noche oía los llantos de su hija. Por más que la reina y el rey trataban de consolarla colmándola de regalos y palabras de cariño, la princesa ya no era la de antes.
Un día temprano, la princesa se levantó para caminar cerca del lago, se sentó junto a él y pensó "Mi vida es como este lago: cristalino, apacible y sin perturbaciones; está vacío" Al día siguiente hizo el mismo ritual y pronunció las mismas palabras y al otro y al otro y al otro ... Hasta que un día bajó a los establos de los caballos y cogió un par de zurrones que se colgó a ambos lados del cuerpo. Durante toda la mañana cargó piedras en cada uno de ellos fue al lago y pronunció las palabras "Mi vida es como este lago: cristalino, apacible y sin perturbaciones; está vacío ... hasta hoy" La princesa, con la mirada perdida en el infinito y despojada de cualquier esperanza se descalzó y comenzó a sumergirse en el lago hasta que quedó cubierta por completo.
Los reyes apenados y destrozados por la muerte de su única hija mandaron no realizar nunca más fiestas con bufones en todo el reino bajo la máxima pena. El castillo nunca volvió a ser el que era antes. La reina paseaba por el lago recordando a su amada hija esperando que por algún milagro ella volviera de donde estuviese.
Los años pasaron y los reyes murieron sin ningún descendiente que ocupara el trono. El castillo fue abandonado con el tiempo y el reino cayó en el olvido.


Hoy, todos los años cuando voy a veranear a ese lago esta rodeado de girasoles. Nadie saber porqué crecen, por lo visto nadie los ha plantado. Yo ni me molesto, me como las pipas que para eso están. Moraleja de la historia: La vida continua

3 comentarios:

  1. Como hecho de menos el boton ¨me gusta¨. Te lo inventaste tu el cuento?

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  2. Si ... ya sabes, mi mierda hecha literatura y por supuesto te lo cedo si quieres hacer algún corto y/o modo de expresión artística que te plazca

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  3. Hay gracias! Teniendo en cuenta el agujero negro inspiracional en el que estoy ahora mismo...quiza me haga falta

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